Abriendo Puertas en la Frontera

Printer-friendly versionPrinter-friendly version
Overview: 

Opening Doors on the Border in Spanish.

Los programas innovadores para estudiantes migrantes comprueban que el hacer que los padres sean partícipes del aprendizaje en el salón de clase vale la pena.

La choza gris de 10X10 de techo de lámina corrugada en el patio de Carmen DeLeon en la arenosa colonia de cinco cuadras (como se denomina a la mayoría de los asentamientos de viviendas de baja calidad para migrantes pobres en la frontera de Texas) no es mas grande que un cobertizo. Ni siquiera el peor de los salones de escuela pública en el valle densamente poblado de la parte baja del Río Grande, es tan pequeño, pero ni siquiera el mejor puede presumir tal dedicación y resolución. En los días más ocupados, cuando todos los padres del vecindario de Weslaco, conocido como Llano Grande, llegaban a la casita sin aire acondicionado, mas o menos unos 25 niños se amontonaban adentro para aprender inglés y practicar la lectura y escritura. Lo hacían, incluso cuando las temperaturas externas llegaban a los tres dígitos, porque DeLeon, una de las primeras participantes en la nueva iniciativa de extensión educativa para los migrantes, convenció a los padres de que era importante.

No es que ellos no lo pudieran ver por si mismos. In Weslaco, al igual que en cualquier lugar en la tumultuosa y con frecuencia peligrosa frontera entre Texas-México, las subdivisiones y autopistas están reemplazando a las terrenos de cosecha, se están construyendo edificios por todos lados, el trafico de drogas está descontrolado, las patrullas fronterizas y la seguridad nacional crean una sensación de militarización: la propia atmósfera está cargada con presagios de un cambio sin precedentes. Aquellos que sobrevivan deben estar preparados. DeLeon lo ha visto claramente y sabía que para los migrantes que toman refugio en el Valle, entre las cosechas, nada es más importante que encontrar una vida mejor y más segura para la próxima generación. Dichas evoluciones forman el tejido social y político del sur de Texas. DeLeon sabía que la educación era el eje de todo esto. No se podía haber sentido más feliz cuando su propia hija, Brenda, también lo comprendió: se postuló como voluntaria para enseñar a niños pequeños, mostrándoles cómo usar un diccionario para traducir palabras del español al inglés y cómo pronunciar en inglés las palabras difíciles.

Las recompensas modestas como fiesta de pizzas y tiempo libre para jugar al fútbol (soccer) en el patio, también ayudaron a que los niños continuaran regresando para aprender más. El mantener su interés y participación era especialmente importante dada la exigente naturaleza por temporada de la vida migratoria. Los horarios de la escuela y de la siembra, por lo general, no cuadran. Para las familias migrantes, trabajar los campos es la prioridad para sobrevivir. Por ello, muchos padres migrantes nunca pudieron terminar sus propios estudios. Pero la mayoría quiere algo mejor para sus hijos. Las clases básicas en la casita de DeLeon llego a hacer una forma de iniciarlos en ese camino. Pero el camino no terminó ahí. Los educadores en Weslaco aprendieron, al igual que DeLeon, que la clave para las mejoras de los niños migrantes en edad escolar no sólo yace dentro del aula, sino que también está fuera de ella: particularmente en la relación entre las escuelas y los padres.

Una idea que echa raíces
Aunque Leticia Martínez (coordinadora de participación de padres del Distrito Escolar Independiente de Weslaco) comenzó a trabajar con familias migrantes hace más de 14 años, sus esfuerzos fueron recompensados con una nueva herramienta importante en los últimos cinto años, Abriendo Puertas, un programa diseñado por la Universidad A&M de Texas específicamente para la educación de migrantes. Martínez vio inmediatamente el potencial en el énfasis que tiene el programa sobre la educación, el éxito académico y, fundamentalmente, la participación de los padres. Ella sabía que sin la participación de los padres, el progreso verdadero en la educación de los migrantes sería poco probable. Ese importante nexo había sido pasado por alto en la mayoría de las escuelas con altos números de estudiantes migrantes. A través de constantes visitas a las colonias (ahora con ayuda de padres voluntarios que trabajan a tiempo parcial y que viven entre las familias migrantes y facilitan la autosuficiencia), Martinez encontró padres como DeLeon para sembrar el programa. Se formaron vínculos de cada interacción de los padres con la escuela, que llegaron hasta el uso de los mismos libros de textos por parte de los padres, quienes, al igual que sus hijos podrían aprender inglés o matemática.

"Hacemos que jueguen juegos de mesa para reforzar la lectura y la matemática. Y pueden llevárselo a casa para sus hijos sin costo y enseñárselos", dijo Martinez de la estrategia. "Los padres tienen la sensación de propiedad y de ¡Lo logré!". Los resultados han sido sólidos. Entre los periodos escolares 2004-05 y 2006-07, la diferencia entre los resultados de las pruebas de estudiantes migrantes y no migrantes bajó de un 9 a un 4% tanto en lectura como escritura y del 9 al 1% en matemática y ciencias. En al menos un área, estudios sociales, las calificaciones de los estudiantes migrantes fueron mejores que las de los no migrantes.

Las escuelas participantes también se concentraron en cuestiones de vida, desde el transporte hasta la salud. Debido a que la obesidad y la diabetes son problemas serios entre la comunidad latina inmigrante (al igual que en la población latina en general), el distrito eliminó las freidoras de las cafeterías de las escuelas. Todo se cocina al horno. Se han dejado de vender bebidas gaseosas en el almuerzo y se le dio lugar al agua o a los jugos naturales. Las clases de nutrición enfatizan las porciones pequeñas y el uso de aceite de oliva para sustituir la manteca de cerdo que se utiliza para cocinar frijoles refritos. "No quiero decir: no coman arroz, ni frijoles ni tortillas", dice Martinez. "Lo que es difícil es que es lo único que pueden comprar. El arroz y los frijoles son baratos. Y esa comida ha pasado de generación en generación. Pero en vez de comer tortillas tres veces por día, coman sólo dos".

La reputación de Abriendo Puertas se ha expandido a través de todo el Valle de Río Grande a 37 distritos escolares diferentes. El programa, que pronto se transformará en un programa sin fines de lucro independiente de la Universidad A&M de Texas, también sirve como asesor para misiones similares en Houston, San Antonio y en un lugar tan lejano como el estado de Washington, donde se han instalado muchos migrantes del Valle. "El programa fue fundado sobre el principio de que todos los padres quieren una vida mejor para sus hijos" dijo Dr. Hector Aldape, director adjunto. "Debido a que la población hispana no está educada al nivel que desearíamos, [la leyenda dice que] los padres hispanos no se preocupan por ayudar a sus hijos. La verdad es que no saben cómo hacerlo. Creemos en la estrecha colaboración y para que tengamos éxito necesitamos trabajar con diferentes entidades. Las escuelas no son las únicas responsables por educar a los niños, si no que la comunidad también lo es, al igual que los padres, las empresas y las universidades locales."

El enfoque innovador de Abriendo Puertas ha encontrado apoyo en un cuerpo creciente de investigación que busca pensar nuevamente el uso de las estrategias tradicionales de participación de los padres en las comunidades de migrantes. "Reconocen que extender los servicios o información a la comunidad significa más que simplemente invitar a los padres a las reuniones de la Asociación de Padres/Maestros debido a que existen muchas formas en las que los padres pueden participar", dice el Dr. Gerardo Lopez, un profesor adjunto de la Escuela de Educación y el Departamento de Estudios Latinos de la Universidad de Indiana. "Es igualmente importante remarcar el conocimiento del hogar como validar las contribuciones que hacen los padres para motivar a sus hijos a través de su participación en la vida diaria. Tienen que asegurarse de celebrar los momentos en que los padres dan consejos a sus hijos sobre el valor de la educación y la importancia de seguir con los estudios".

Sus estudios, dice, lo han convencido de que "debemos satisfacer las necesidades de los padres migrantes. La participación en la escuela se ha visto tradicionalmente como que los padres tienen que hacer algo o venir a la escuela (muy unidireccional), mientras que el concepto más amplio de colaboración escuela-comunidad es una calle de dos sentidos. Las escuelas, los maestros y administradores se encuentran con los padres a mitad de camino, ingresando en la comunidad y estableciendo allí su presencia."

A lo largo del condado se pueden encontrar otras versiones del Programa de Weslaco. Y algunas están vinculadas. Debido a que la mayoría de las familias viajan a través de varios estados a lo largo del año escolar (con excepción de California, donde los trabajadores migrantes por lo general no salen del estado cuando siguen la cosecha), las escuelas han aprendido a comunicarse a través de las líneas estatales. El Sistema Nueva Generación (New Generation System), una base de datos computarizada, le permite a las escuelas hacer un seguimiento de estudiantes migrantes y sus registros académicos aunque actualmente sólo funciona en siete estados (Colorado, Delaware, Illinois, Montana, Ohio, Texas and Wisconsin).

Las escuelas también han descubierto que es provechoso comunicarse con las familias antes de que llegue la temporada de siembra, para ayudar a preparar a los estudiantes a que puedan ingresar a clase inmediatamente. En Princeville, Ill., donde Seneca Foods enlata la mayoría de sus calabazas, la mayoría de las familias migrantes vienen de dos pueblos fronterizos de Texas: Del Rio y Eagle Pass. Saber esto ayuda a Roy Ramos, Superintendente de Princeville y su personal cada primavera, cuando llaman a las comunidades en Texas para saber quiénes volverán al norte ese año. "Aun antes de que comiencen las clases, nos aseguramos de que los padres sepan cuáles son los requisitos para sus hijos, como registros de vacunación y exámenes físicos", dijo Ramos.

Cuando las familias salen de Illinois en el otoño para ir hacia el sur, Ramos recopila todos los datos con respecto a las calificaciones y registros de cada estudiante en un sobre de manila y se los entrega a sus padres para que los lleven con ellos. Ramos envía por correo una copia de respaldo directamente a los coordinadores de migrantes en las escuelas de Del Rio e Eagle Pass. "Los padres migrantes son como los demás. A veces pierden los documentos", dice.

Esas soluciones que requieren de poca tecnología nos recuerdan del programa "bolsa roja", un proyecto iniciado en la década de los 90 en Texas, en el cual los distritos colocaban copias de los historiales académicos, vacunas y otros registros escolares en bolsas rojas. Se le entregaban las bolsas a los padres migrantes quienes las llevaban al próximo lugar y se las daban a los administradores escolares para que sus hijos continuaran donde se han quedado.

Si bien no era perfecto, el programa bolsa roja era una "forma única y creativa de trabajar con las necesidades de las familias…mientras se colocaba a los niños en el centro", dice Lopez. "También tenía el efecto indirecto de darle poder a los padres. Ellos podían ir a las escuelas y decir: "necesito los registros de mis hijos".

Cambios culturales
Una de las barreras más persistentes para expandir la interacción padre-escuela en las comunidades de migrantes incluye la cultura y la nacionalidad. En muchas comunidades latinoamericanas, por ejemplo, se considera que es una falta de respeto para con el maestro que los padres participen demasiado. "Por lo general hay desconfianza cuando se le pide a los padres migrantes que vayan al distrito escolar", dice Jose Villa, decano adjunto para asuntos de minoridad en la Universidad del Estado de Ohio. "La mayoría de las veces, cuando se le pide a los padres que visiten la escuela, asumen que es porque algo malo está pasando".

Martinez reconoce que al principio, con frecuencia se encontraba con padres que se sentían intimidados por la interacción con el sistema escolar. Las barreras del idioma y el temor a represalias contra los inmigrantes hacían que fuera más seguro permanecer en el anonimato: una dinámica que continúa hoy claramente. Pero cuando el personal de Martinez comenzó a enseñar inglés como segundo idioma en los centros de participación de padres en Weslaco, las familias migrantes se sintieron más cómodas.

Los padres eran los más difíciles de conquistar. "Todavía tenemos padres que, debido a su "machismo", no permiten que sus esposas vengan a la escuela", dice Martinez. "O incluso durante el día muchos padres todavía que quedan sentados en el carro y esperan a que sus esposas salgan para irse a casa. Ellas entran y dicen: "sólo me puedo quedar una hora".

Se sedujo a las madres apelando a su propio aprendizaje y antecedentes laborales. "En México cada mujer en cada familia tiene que tener algún conocimiento sobre la economía del hogar", dice Martinez. "Estas mamás modernas quieren que sus jóvenes hijas aprendan a cocer: ya sea un vestido o una enagua, un corpiño o ropa interior. Se transforma en su producto. Aprenden cómo se crea el material y luego van y lo venden".

Con el tiempo, estos talleres y las actividades de expansión han tenido sus frutos, mezclando lectura y escritura con las habilidades diarias, dándoles tanto a los niños como a sus padres formas para interactuar en el proceso general de educación. Las reuniones matutinas ("Donas y Padres" y "Panquecitos y Madres") habitualmente llenan la biblioteca o la cafetería a las 7:30 AM. Cuando toca la campana, los niños se van a sus aulas, y las mamás y los papás se van a casa o al campo.

Leer juntos
Martinez dice que uno de los desafíos mayores que enfrenta es convencer a los padres migrantes a que lean junto a sus hijos 15 minutos por día. Y eso no incluye el tiempo que invierten haciendo tareas múltiples, dice, donde la madre cocina y sólo el niño lee. "Les pedimos que se sienten juntos en un lugar de lectura y que lo hagan todos los días", dice. "Hagan que el niño le lea en inglés y léanle en español. De esa forma ellos no pierden su procedencia. Ambas lenguas están presentes." Un cartel en la oficina de Martinez atrapa la filosofía: "Los padres y niños que leen juntos crecen juntos."

La estrategia funcionó para los DeLeon, a quienes Martinez considera el mayor éxito del programa a nivel local. Carmen continúa siendo la líder de la comunidad de Llano Grande, informando a toda la colonia de reuniones importantes o actividades escolares y siendo la anfitriona de las procesiones de Posada en la Navidad que siempre comienza y finaliza en frente de su casita. Y Brenda es la primera de su familia en ir a la universidad. Está estudiando administración de empresas y contabilidad en el colegio comunitario local y espera que ayude al negocio familiar, una llantera. "A medida que fui creciendo, el graduarme (de la escuela secundaria) fue mi mayor objetivo en la vida", dice Brenda. "Sin la ayuda y motivación de mi madre, no podría estar donde estoy hoy".