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El Ritmo de la Resiliencia

Luego del paso del Huracán María en el 2017, un grupo de artistas puertorriqueños está ayudando a maestros y estudiantes encontrar propósito y estabilidad dibujando el legado de la bomba puertorriqueña.
Ilustración por Jovanna Tosello

La bomba puertorriqueña es tan rítmica como su nombre—e indiscutiblemente atada a su lugar, su historia, su alegría y su dolor.

El baile nació en las fincas azucareras de Puerto Rico, una forma de resistencia y autoexpresión para esclavos que enfrentaban condiciones crueles. Los variados ritmos, líricas y movimientos le daban la libertad dentro de su esclavitud: para expresar tormento y trauma, para celebrar pequeños triunfos de risas, amor y comunidad, para mantener tradiciones de una tierra vieja—y para reclamar una nueva.

Porque una vez que se había realizado el movimiento, no se podía deshacer.

Los llamados y respuestas del baile hacen eco de tradiciones de África occidental. Los tambores utilizados usualmente—barriles de bomba, o barriles de ron—evocan recuerdos del sistema de comercio que trajo a los esclavos a la isla.

Para el tiempo en que se originó el baile, muchos esclavos eran separados de otros que hablaban el mismo idioma, así que las líricas eran necesariamente escasas. Pero fueron los movimientos de bailarines empoderados—un lenguaje compartido perfeccionado durante siglos—lo que ilustró la resiliencia.

Una resiliencia tan profundamente sembrada en suelo puertorriqueño que ningún viento, o ninguna lluvia podía arrasarla.

El 20 de septiembre de 2017, el Huracán María azotó la isla de Puerto Rico, provocando daños devastadores. Poderosos vientos e implacables inundaciones rompieron puentes, arruinaron caminos y borraron barrios enteros. La isla perdió electricidad. Muchos puertorriqueños pasaron meses sin agua potable, aire acondicionado o refrigeración.

Los esfuerzos de recuperación fracasaron, a corto plazo, debido a la imposibilidad de viajar en avión hacia y desde la isla; a largo plazo, el gobierno de los Estados Unidos no brindó al pueblo puertorriqueño el mismo apoyo y recursos constantes que brindó a las personas que recientemente habían sufrido desastres naturales en el continente. Y el gobierno local no tenía los recursos ni la organización necesaria para hacerlo solo. Esta crisis era demasiado grande, demasiado costosa.

Los últimos estimados concluyeron que casi 3,000 personas murieron como resultado del huracán, ya sea en el azote inicial o en la oscuridad continua que las aisló de la atención médica.

 

Un Llamado a la Acción

En la escuela Dr. Arturo Morales Carrión en San Juan, el maestro de música Rody J. Huertas-Ostolaza había hecho planes previos para transformar la escuela elemental que pasaba por dificultades. Con ayuda de una subvención del programa de Mejoras Escolares del Departamento de Educación de Puerto Rico, había reclutado el bailarín y consejero en ciernes Víctor M. Serrano-Román para que lo ayudara a formar alianzas en la comunidad y aprovechar esas relaciones para mejorar la escuela. Pero después del huracán, sabían que tenían que cavar más profundo.

"Ya teníamos un plan para ayudar a transformar la escuela", dijo Serrano. "Pero desde que llegó el huracán, transformamos el plan".

Amigos desde 2004, Huertas (un músico) y Serrano (un bailarín) habían viajado por todo el mundo como artistas que expresaban el folklore puertorriqueño a través del espectáculo. En 2012, el dúo fundó la Compañía Folklórica Magüey de Puerto Rico, una organización sin fines de lucro que (entre otros trabajos) integra el teatro, la música y la danza en talleres para comunidades escolares como una forma de abordar temas como el acoso escolar. Definen su misión como "rescatar los valores, la sensibilidad y la motivación de los puertorriqueños".

Cinco años después, muchos puertorriqueños necesitaban un recordatorio de esa motivación. Esto fue especialmente cierto para los educadores y estudiantes. Las escuelas estaban cerrando. Los maestros estaban perdiendo sus puestos de trabajo. Los estudiantes se estaban yendo, buscando refugio en el continente. El destino de la escuela Morales Carrión era incierto.

Pero Huertas y Serrano vieron la oportunidad de volver a las raíces y las historias que ningún viento huracanado podía destruir. Los que habían bailado por primera vez la bomba puertorriqueña habían soportado peor—pero aún así, bailaban.

"Todos, incluso nosotros, estábamos muy tristes por lo que estaba sucediendo", dijo Serrano. "Pero era muy importante para nosotros empoderar a los [maestros] para luego comenzar a hacer lo que se supone que debemos hacer. ... Fue una oportunidad para abrazar la experiencia y ser más poderosos que antes".

 

Empoderando a los Maestros

En las ocho semanas previas al regreso de los estudiantes a la escuela, los maestros de la Escuela Morales Carrión descubrieron una fuerza de unión e inspiración entre sí—y en su cultura compartida. Comenzó con la sanación.

"Primero, necesitábamos que los maestros hablaran sobre lo que estaban viviendo en ese momento", explicó Serrano. "Tener la oportunidad de expresarse, de escucharse unos a otros y de comenzar a trabajar en equipo después del huracán".

Esto se logró a través de talleres que exploraban la atención plena y el movimiento del cuerpo como herramientas de auto-empoderamiento y conexión interpersonal. Ayudaban a los maestros a expresarse sobre las diferentes maneras en que el huracán les había causado dolor—y los acercaron a su comunidad.

"Estaban tan contentos de tener la oportunidad de expresarse, de escucharse unos a otros", dijo Serrano. "Durante esos días y esos momentos, fue como un nuevo comienzo".

Huertas y Serrano—con la colaboración de músicos, artistas, educadores y organizaciones locales tales como la Asociación Universitaria de Consejería Profesional—también organizaron talleres que enseñaban empoderamiento, bienestar y resiliencia a través de la creatividad. Los maestros aprendieron cómo se expresan los problemas de justicia social y la emoción a través del baile, la música y la literatura puertorriqueña. Aprendieron que su capacidad de resiliencia tenía una historia—una historia que se podía repetir, como un ritmo.

Huertas fue testigo de una transformación entre los maestros. Muchos habían llegado, dijo, preocupados por la vida útil de sus trabajos y la escuela. Pero al final de las ocho semanas, estaban agradecidos de tener herramientas para ayudarles no solo a sobrellevar la situación, sino también a sentirse rejuvenecidos para servir a sus estudiantes.

Students lined up in circles, stretching and holding each others' hands.

Empoderando a los Estudiantes

Huertas, Serrano y la instructora de baile Zorimar Rosado-Meléndez—unidos por la subvención del Programa de Mejoras Escolares—aprovecharon la oportunidad de enseñar justicia social y empoderamiento a través del folclor puertorriqueño. Los estudiantes de la Escuela Morales Carrión que regresaron a la escuela todavía sufrían de las consecuencias del huracán, pero ahora tenían una nueva oportunidad: conectarse a un pedazo de su patrimonio cultural basado en la resiliencia.

Esas lecciones comenzaron con los movimientos de la bomba puertorriqueña. Dado su origen como una forma de expresión para las personas esclavizadas, el poder del bailarín para dictar lo que debe hacer el que toca el tambor—y no al revés—proporcionó una lección inmediata sobre la acción.

Al enseñar este baile y su historia a los estudiantes, Rosado dijo que “estábamos diciéndoles que ellos eran los únicos en control de sus vidas”.

“Y de sus cuerpos”, dijo Huertas.

Durante el año, los estudiantes aprendieron sobre los temas de justicia social integrados en su folklore y conectaron esas lecciones con sus emociones, preocupaciones y pasiones actuales. Analizaron letras de bombas más modernas que exploraban temas del racismo, la política, el medio ambiente y la educación. Aprendieron cómo las palabras y los movimientos corporales podían usarse para expresar frustración, ansiedad o sentimientos de injusticia. Al igual que sus maestros antes que ellos, descubrieron estrategias de resistencia, pero también descubrieron más sobre su cultura y, dentro de ella, su poder.

Rosado describe esto como una forma de ayudar a los estudiantes a aprender a “ser resistentes en la manera puertorriqueña”—un método de enseñanza que sostiene culturalmente y que ilustra la historia y las fortalezas inherentes a las identidades de los estudiantes.

"Les dimos otra forma de pensar", dice Huertas. “Sabíamos que en este momento los niños necesitan ese tipo de práctica. Cuando van a sus casas no tendrán energía ni electricidad. Pero sabían que tenían otra cosa que hacer usando el arte. Sienten que tienen una nueva vida, un nuevo capítulo".

Este enfoque del uso del arte para explorar la identidad y la justicia se basa en la misión del Equipo de Puerto Rico—un grupo compuesto por Huertas, Serrano, Rosado, Vianca Ortíz-Veguilla y la Entrenadora Instruccional Evelyn Pérez-Mass. En vez de ver el arte como algo opcional, enfatizan la importancia de como la música y el movimiento corporal ayudan a los estudiantes a entender no solo sus emociones, sino también su idioma, su cultura y sus percepciones de los demás.

"Construimos una identidad individual y colectiva como puertorriqueños", dice Serrano, subrayando la misión del grupo. "Así que no solo pueden entenderlo sino creerlo".

El Equipo Puerto Rico descubrió que este enfoque tuvo un impacto positivo en los estudiantes más allá de los talleres.

"Los estudiantes tuvieron la oportunidad de resolver problemas a través del arte", dice Rosado. “Fue otra forma en que los estudiantes aprendieron que pueden cambiar el mundo sin una palabra. Que pueden cambiar el mundo a través del movimiento, a través del cuerpo, conociéndose a sí mismos para poder ayudar a los demás".

 

Un Propósito Puertorriqueño

Los jóvenes que aún permanecen en Puerto Rico han sido llamados "La Generación María"—muchos se sienten desconectados de la vida que conocían, de la esperanza. Un tercio de los estudiantes dice que sus familias lucharon por encontrar suficiente comida y agua; más del 7 por ciento de los estudiantes muestran signos de trastorno de estrés postraumático (PTSD, por sus siglas en inglés). Para todos los estudiantes, independientemente de sus circunstancias, la vida como la conocen se divide en antes y después de la tormenta.

Pero hay cosas que una tormenta no puede llevarse—cosas enterradas, arraigadas. Este es el recordatorio que el Equipo de Puerto Rico espera llevarle a más estudiantes. Un recordatorio de que la resiliencia es una característica puertorriqueña.

Serrano reconoce este momento como uno especialmente tenso. Puerto Rico enfrenta muchos obstáculos fuera de su control—incluyendo las continuas disparidades en el apoyo federal—para reconstruir su infraestructura y proveer a su gente. Pero él encuentra fuerza en el folklore.

"Estamos tratando de usarlo para que [los estudiantes] se identifiquen con eso y lo vivan a través del baile o lo vivan a través de la música", él explica. "Y vivirlo día tras día en lo que hacen y cómo expresarse libremente en esta identidad que nos define".

Los estudiantes puertorriqueños enfrentan cargas pesadas de ahora en adelante, tanto en la reconstrucción de su tierra natal como en su futuro. Los escépticos podrían decir que ninguna forma de arte puede superar los increíbles desafíos que enfrenta Puerto Rico después del Huracán María. Podrían decir que el ritmo se está moviendo demasiado rápido para que los jóvenes puertorriqueños puedan mantener el paso. Pero estos estudiantes de la bomba puertorriqueña saben que es el bailarín quien tiene el control.

Y una vez este movimiento comienza, no hay marcha atrás.

Collins es el escritor senior para Teaching Tolerance.

Michelle Kantrow-Vázquez es la fundadora y editora de News is my Business.